Los Ciclos

No somos tan conscientes de nuestros actos a veces.

 

Me puse a pensar en eso mientras escribía mi anterior post. No sé si sea porque a veces soy una persona impulsiva, especialmente en situaciones que no sé cómo manejar.

 

Todo lo que hacemos trae consecuencias, tanto buenas como malas. Pero quizá lo más importante no sea lo que sucede, sino la manera en que decidimos recibirlo.

 

Hace poco perdí el contacto con alguien importante para mí. Podría decir que era como parte de mi familia, y todas las consecuencias que ocurrieron antes y después de eso terminaron moldeando mi realidad actual.

 

Si no hubiera tenido a esa persona en cierto momento de mi vida, probablemente no estaría en la universidad en la que estoy ahora. Pero, de la misma manera, si nunca hubiera perdido a esa persona, quizá tampoco habría terminado en esta universidad.

 

Es extraño pensar en cómo una persona puede cambiar el rumbo de tu vida sin siquiera darse cuenta. Más que nada porque no decidimos cuánto cariño podemos llegar a tomarle a una persona. Simplemente sucede. Es algo básico por lo que todos pasamos.

 

Creo que deberíamos tener mucho más presente la manera en que impactamos a los demás.

 

En su momento me afectó bastante, pero creo que decidí tomar la postura más “madura” que pude para seguir adelante. Y, al hacerlo, también me di cuenta de las personas que tenía a mi alrededor y de cuánto me ayudaron.

 

Pensé que todo esto iba a traer consecuencias malas. Incluso llegué a pensar que podía terminar solo.

 

Pero no fue así.

 

Todos mis amigos estuvieron ahí para mí y me ayudaron con lo que podían. A veces ni siquiera necesitaba consejos. Bastaba con que alguien me escuchara.

 

Mi familia también fue muy importante durante todo esto. Me entendieron y estuvieron para mí, aunque, la verdad, eso tampoco me gustaba del todo. Sentía que me daban la razón y yo no quería eso.

 

No quería que simplemente me dijeran que yo estaba bien, porque sentía que eso me quitaba algo muy humano: la posibilidad de equivocarme.

 

Hace poco leí que las personas cumplen un ciclo en nuestras vidas y que, cuando ese ciclo termina, simplemente se van.

 

Creo que esta vez fue así.

 

Esa persona llegó en el momento justo para ayudarme a hacer mi juego y se fue justo antes de presentarlo en la universidad.

 

No sé si eso sea algo bueno. Supongo que tampoco tiene que serlo.

 

Siempre deberíamos intentar conservar cerca a las personas que nos apoyan o que alguna vez lo hicieron. Pero también creo que, a veces, las personas simplemente dejan de entenderse, y eso está bien.

 

Somos seres humanos.

 

Nos equivocamos, a veces mucho más de lo que quisiéramos. Y cuando ninguna de las dos partes encuentra una manera de solucionar las cosas, quizá lo único que queda es avanzar.

 

También he pensado en algo que hacemos mucho cuando peleamos con alguien: queremos tener la razón.

 

Queremos demostrar que nuestra versión es la correcta. Pensamos cosas como: “Esa persona me hizo esto y estuvo mal. Yo sé que hice lo correcto y no me importa”.

 

Pero creo que he empezado a notar algo: muchas veces ambas partes están pensando exactamente lo mismo.

 

Los dos creen tener la razón. Los dos sienten que fueron los que hicieron las cosas bien. Los dos pueden estar contando una historia en la que el otro es el culpable.

 

Y quizá no deberíamos estar buscando eso.

 

Esto aplica con cualquier relación humana, ya sea con familia, amigos o parejas. No creo que sea sano pasar nuestro tiempo intentando demostrar que la otra persona fue la mala de la historia.

 

Creo que lo último que debería quedar relacionado con una persona debería ser lo bueno.

 

Y ya.

 

Si alguien menciona a esa persona, también está bien simplemente decir “espero que esté bien” o “prefiero no saber”. No tienes que fingir que todo estuvo bien, ni tampoco tienes que volver a tener contacto con alguien para demostrar que lo has superado.

 

Pero tampoco hace falta insultarla, hablar mal de ella, hacer creer que no deberías tenerla cerca por cómo es o intentar convencer a los demás de que tú tenías la razón.

 

Yo llegué a hacerlo con varias personas.

 

Y ahora me arrepiento, porque nadie es de piedra, todos tenemos sentimientos y aunque no esté presente esa persona, buscar herir no está nada bien.

 

No porque todo lo que haya pasado haya estado bien, sino porque hoy tengo mucho más claro que todos nos equivocamos.

 

Yo también.

 

Y a veces el perdón no sirve para arreglar las cosas. Hay personas con las que simplemente no podemos volver a ser lo que éramos, y creo que también está bien aceptarlo. Pero a lo largo de nuestra vida vamos a conocer a muchas personas, y cada una de ellas, de una manera u otra, nos dejará algo.

 

Las experiencias buenas, las malas, los errores y hasta las personas que perdimos pueden enseñarnos a ser mejores para las personas que conoceremos después.

 

Quizá crecer también sea eso: dejar de intentar ganar discusiones que ya terminaron.

 

Me quedo con las buenas experiencias, pero también con las malas. Todas forman parte de lo que pasó.

 

Aun así, prefiero retirarme con las buenas.

 

Guardo un último recuerdo de esa persona y he decidido conservarlo. Para dar un poco de contexto, es un papel de un restaurante al que fui con mis amigos en mi cumpleaños.

 

No lo guardo porque quiera volver atrás, sino porque creo que algún día, cuando sea mayor, miraré hacia atrás y recordaré que, de alguna manera, gracias a esa persona pude cumplir uno de mis sueños.

 

Y quizá eso sea suficiente.

 

PD: Debo limpiar mi cuarto más seguido.

Los Ciclos

Lainus

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